EDUARDO CD

Mucho tiempo estuve solo. Me hacían bullying todo el tiempo y la gente solo se reía de mí. Las personas llegaron a ser muy crueles. Se burlaban de mis manos, mi peso, mi estatura, mis dientes y de mis entimientos. Nunca supe la razón y es algo que ya no deseo saber. He superado muchas de esas historias. Cada año es repetitivo; las personas ven en mí alguien a quien pueden hacer sentir menos y humillar. He aprendido a ya no rendirme ante ellos, a conocer mi propio valor y a salir adelante; a ser quien quiero ser y ayudar a otros a buscar su verdadera identidad y a sentirse orgullosos de lo que son. Agradezco a la vida, a Dios, a mi familia y a mi único amigo por estar ahí cuando nadie quiso estarlo. Hoy me siento feliz de ser quien soy aunque, en ocasiones, todo me da un golpe y vuelvo a ser inseguro, pero por dentro, soy un león. Gracias Barei por este himno de aceptación y anti-bullying. Tenemos que aprender a aceptar a los demás y decirles que no queremos ser como ellos desean que seamos. Gracias por este espacio, espero que mi pequeña historia de superación ayude a más personas.

Jimeno

Yo sé mucho del tema este del bullying porque desde peque lo sufrí porque tengo una discapacidad física y no corría, ando un poco cojeando y tengo poco equilibrio, pero especialmente un año, en el que una muchacha la tomó conmigo. Se metía conmigo en todas las asignaturas, todo lo que decía era motivo de burla. También como soy un chico Trans pues he sufrido y estoy sufriendo TRANSFOBIA en clase. La gente me llamaba marimacho, por vestir masculina y con 14 años pensar que no me iba a bajar la regla ni crecer los pechos. A raíz de ese año empecé a hacer letras de canciones sobre eso y a día de hoy lo sigo haciendo xq creo que es un tema muy necesario

B-Fighter anónima

Como una de las muchas víctimas del bullying, quería compartir mi historia por dos razones. Una, un tanto egoísta, para desahogarme, hacerme más fuerte después de verbalizarla y tomar distancia de aquello que pasó hace años. Y la otra para, si es posible, ser de ayuda en cierto sentido para alguien que pueda sentirse identificado o no sepa cómo manejar este tipo de situaciones.

En general, tuve una bonita infancia. Pero una serie de problemas de salud me hizo ser algo diferente a los demás. Nací con un síndrome poco común, el de West. Para los que no lo conozcan, sus síntomas son principalmente convulsiones cerebrales y sus consecuencias neurológicas pueden arrastrarse toda la vida. Por suerte, yo salí ilesa de todo aquello. Mi madre, desde entonces, me llama superviviente.

Pero la cosa no acabó ahí. A los 6 años me diagnosticaron desarrollo precoz. Mi cuerpo quería adelantarse y funcionar como lo haría uno del doble de edad. Si no se actuaba de inmediato, pronto tendría la regla, entre otros problemas. Así que me pasé los siguientes tres años de hospital en hospital, de prueba en prueba, a base de inyecciones y controles. Y aunque al final se pudo controlar y por segunda vez escapé de aquello, todos esos recuerdos dejaron huella en mi personalidad.

Todo eso me hizo sentirme cada vez más insegura y desarrollé un carácter extremadamente retraído, hecho que muchas personas no fueron capaces de comprender y juzgaron sin conocer lo que lo había creado. Y no solo se burlaron de mi forma de ser. También me atacaron por mi físico. Debido a mi segunda enfermedad, había partes de mi cuerpo más desarrolladas de lo normal a esa edad, por ejemplo, los pechos. Entrar o salir del vestuario a la hora de gimnasia se convirtió en una pesadilla, puesto que tenía que soportar miradas, risas y comentarios casi inaudibles en aquella habitación, pero que conseguían taladrar mi cabeza.

Los demás me decían que pensara en la envidia que debían sentir para decirme o hacerme aquello. Pero eso no me consolaba nada. De hecho, años más tarde, cuando mi cuerpo ya iba al ritmo adecuado y todo iba bien a mi alrededor, mi mente me jugó una mala pasada y me hizo recordar lo que daba por superado. Empecé a pensar que mi cuerpo no era bonito, que todas aquellas cosas horribles que me decían eran verdad. Y acabé odiándome. Pasé una época terrible, sin querer ver mi reflejo en el espejo, encorvada para que nadie me mirara, sin ganas de nada. Todo eso sumado a la muerte de mi abuela, una de las pocas personas que me recordaba lo guapa que era, por dentro y por fuera, y de las pocas también a las que creía cuando me lo decía. De nuevo, afortunadamente, pude sobrevivir a esa espantosa etapa. Con tiempo, paciencia y algún que otro apoyo de amigos y familiares, aprendí a quererme y a valorarme. A no dejarme intimidar por nadie malintencionado y a pisar fuerte. Y gracias a todas esas lecciones también volví a ser más sociable y abierta. Y ahora, a pesar de todo el sufrimiento y la lucha constante, puedo decir con orgullo que me gusta ser quién soy.

Por eso, mi intención escribiendo esto es pediros que nunca queráis ser otra persona. Que penséis que tal como todo lo bueno acaba, lo malo también. Que nadie os debe callar ni menospreciar por cualquier diferencia, porque eso es lo que nos hace bellos. Que de cada experiencia, herida o cicatriz saquéis fuerzas renovadas para luchar y ser más felices. Que nunca deis por sentado el amor que os dan a vuestro alrededor. Ah, y regalad también amor, porque de odio el mundo ya va sobrado y hay que contrarrestarlo.

Anónimo

Yo he estado en tres colegios distintos, en el primero fue una tortura ya que por culpa de mi peso me insultaban y todo empezo en tercero de primaria por que un chico me pegaba patadas en las piernas a la salida de clase. Por miedo a que me pasase en otros colegios lo mismo, nunca le dije a mi madre para cambiarme de colegio, esto siguio pasando hasta segundo de la ESO, por culpa de esto tuve problemas, tube que acudir al psicologo, ya que no estaba agusto conmigo misma no me gustaba, hasta yo misma me odiaba, lo unico que me hacia salir de aquel infierno era el baile, el me llababa a una dimension en la que solo estabamos yo, el baile y la musica que corria por mi cuerpo como la sangre. En el segundo colegio no me paso nada pero tenia la sensacion de que no encajaba con ese tipo de gente estuve durante dos años en ese colegio de tercero de la ESO a cuarto, aunque hoty en dia voy a hacerles una visita y me tiene bastante aprecio. Para hacer el bachillerato me he vuelto a cambiar y he encontrado unos amigos que merecen la pena.
Mi mensaje con todo esto es que digan lo que digan sobre ti te tiene que dar igual, por que nadie sabe realmente quien eres o que quieres.
Y no tengas miedo a contarlo si te pasa, hazte un favor a ti mismo y porfavor cuentalo, no es nada malo y seguro que tendras a alguien en quien apoyarte y que el te va a defencer hasta la muerte, ya sea tu madre, padre o algun familiar o amigo.
Y por favor no dejes que te afecte te lo digo por experiencia, que yo todavia con la edad que tengo sigo pensando que no le caigo bien a nadie, y que estan conmigo por pena, de verdad no tardes en contarlo cuanto mas tardes en contarlo es peor, te pueden crear traumas y si es muy heavy te pueden hacer llegar a la autolesion y no hablo solo de la fisica si no de la psiquica tambien, y yo no se lo recomiendo a nadie de verdad y de todo corazon.

BODY-SHAMING

Body-shaming is something I have to deal with every day. From the moment I wake up in the mornings, I do not feel like I'm an adequate example of beauty. I live in Miami, a city that focuses a lot on 'looks'. I've been turned down from jobs because I don't have bigger breasts, or because I'm not dressed more provocatively. I get very nervous whenever I have to apply for jobs because I feel that once they see me, I will not get the job. I try to not let it get to me, but it's difficult when your life depends on it. It's very sad. I know many qualified individuals that won't get jobs in the city because of the (at times) unrealistic beauty standards.